Cancún, una ciudad con gente amable y solidaria

Ayer me fui en bicicleta al Walmart del centro. Vivo por el rumbo, cerquita del Mercado 28. De regreso a casa y después de comprar algunas cosas, atravesé un pasillo que conecta la Av. Cobá con la Av. Xcaret en donde se me cruzaron dos tiernos viejecillos de la nada y, para no apachurrarnos, tuve que frenar. Metí ambos frenos, nadie salió herido. Sin embargo, la llanta delantera de mi bici se amarró gracias al flamante freno de disco que tiene. No encontré manera de arreglarla yo misma, así que decidí seguir mi camino: ajá, cargando la bicicleta. 

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En el trayecto, cuatro personas en diferente momento se acercaron para preguntarme qué ocurría y por qué llevaba cargando la bici.

Todos fueron muy amables e inspeccionaron el mecanismo de freno para tratar de encontrar el problema. Intentaron ayudarme, pero no pudieron. Les dí las gracias y les comenté que vivía cerca, así que ni modo, a cargar. Para mi buena suerte, la quinta persona con la que me topé era un ciclista que andaba en moto. Se detuvo, me preguntó qué pasaba y arregló la bici.

El tramo que me ahorró ese señor, sí bien no fue tanto, me dio un respiro y  pedaleé rumbo a mi destino contenta y con una sonrisota pintada de oreja a oreja por tanta muestra de solidaridad en menos de una hora. ¡De una hora!
Llegué a mi casa con esa sensación de buena onda y washuwasheando una canción de Belanova que tenían a todo volumen en Farmacias del Ahorro y que se me quedó grabada. Muchas gracias a todos los que tuvieron la intención de ayudarme. Hoy me gusta aún más la ciudad en donde vivo.

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2 comentarios

    1. ¡Muchas gracias por tus comentarios, Martín! Yo creo que gente solidaria abunda, pero estamos tan acostumbrados a creer lo contrario que nos sorprendemos cuando cosas como estas ocurren. O eso quiero pensar. ¡Saludos!

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